Aniversarios tristes

_8150390.jpg

© Santiago Torralba

España es una gran cuneta plagada de muertos a los que el franquismo se empeñó en borrar sus nombres. En realidad, no fue el franquismo, sino los franquistas, esta vez sí, con nombres y apellidos. Después de Camboya, este país nuestro ocupa el segundo lugar del planeta en la triste lista de desaparecidos.

No estoy hablando sólo de sucesos anteriores a 1939, sino del salvajismo y la violencia que se apoderó de pueblos y ciudades en años posteriores donde la represión, los asesinatos y la barbarie de los vencedores camparon a sus anchas por doquier. Detrás de cada muerto historias crueles de venganzas, revanchas y sed de sangre alentadas desde los más altos estamentos oficiales. De una parte, ese “enterado” con el que el dictador firmaba cada día, después de la misa tal vez, sentencias de muerte en El Pardo sin que le temblara el pulso. De otro, grupos de camisas azules que recorrían las calles a la búsqueda de políticos, maestros y trabajadores que habían pasado la guerra en el bando republicano, para darles “el paseo”. Una excursión nocturna a las tapias de los cementerios o al borde de cualquier cuneta donde satisfacer sus deseos criminales con disparos en la nuca… y con el deseo del olvido.

Hace ahora 82 años, un 18 de agosto de 1936, Federico García Lorca era asesinado por sus ideas políticas y por su condición sexual y arrojado al barranco: “ni rojos ni maricones” eran del agrado de los generales. Y unos años después, el 5 de agosto de 1939, las Trece Rosas; trece muchachas con edades entre los 18 y los 23 años, eran asesinadas en la tapia del cementerio de la Almudena de Madrid. Tal vez suponían un grave peligro para la paz. Ellas eran Carmen, Martina, Blanca, Pilar, Julia, Adelina, Elena, Virtudes, Ana, Joaquina, Dionisia, Victoria y Luisa.

La lista de muertos desaparecidos es interminable. Basten estos nombres como homenaje a todos. Y el recuerdo.

Los restos de los grandes con el más grande (en realidad, pequeño pequeño) a la cabeza, el generalísimo por la gracia de dios, permanecen en iglesias y mausoleos ocupando lugares de honor. Sus nombres esculpidos en el mármol pretenden recordarlos con honores, pero no hacen más que renombrar la ignominia.

Ellos pretendieron que otros nombres se olvidaran, pero cada día renacen para reescribir la historia. García Lorca es mucho más; las Trece Rosas, también: son símbolos que refuerzan la memoria y que hacen que el tiempo, poco a poco, se vaya encargando de dejar a cada cual en el lugar que le corresponde: uno es el de la vergüenza y el terror. El otro es el de la dignidad y la coherencia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s