Libros y otros menesteres

 

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© Santiago Torralba

El Informe de Lectura que ha hecho público el CIS arroja unos números preocupantes. Y es que según el estudio, un 40% de españoles no ha abierto ni un solo libro en los doce meses del año 2015. 365 días sin tener uno entre las manos y sentir, por lo menos, la curiosidad de echar un vistazo a alguna de sus páginas.

Se trata, efectivamente, de un dato desolador. ¿Qué podemos esperar de un país en el que casi la mitad de su población desconoce e incluso rechaza el placer de la lectura? Tengo que confesar que la cifra no sólo me desconcierta sino que también me sorprende, aunque claro, lo hace sin duda desde mi ingenuidad, porque a poco que detengamos por un momento nuestra vista en ciertas cosas que nos rodean, la realidad corroborará  estos terroríficos datos.

Recientemente ese llamado Ministerio de Cultura ha otorgado la Medalla al Mérito de las Bellas Artes nada menos que a un torero (perdón, a un matador de toros): buen espejo en el que contemplarse ¿no? Sin duda un personaje que derrocha cultura y sabiduría allá por donde va y el que no lo vea es que está ciego de rigor. Bueno, al fin y al cabo, no deja de ser un representante de eso que también se denomina Fiesta Nacional y que consiste, ni más ni menos, en procurar la tortura a un animal durante veinte minutos (seis toros en cada festejo) para regocijo y satisfacción del personal que jalea las estocadas con olés frenéticos desde las gradas.

Vale. De acuerdo. Alguien puede decir que esto es una excepción, porque esta anécdota y el hecho de que en este país el periódico más vendido sea uno deportivo, el que se siga viendo en las televisiones los granhermanos (que alguien señale su número) que copan las audiencias, los realitis y concursos que proliferan de un tiempo a esta parte para buscar pareja, el que el impuesto de una entrada de cine sea cuatro o cinco veces mayor que el de la pornografía, el que se proteja a las escuelas privadas y concertadas en prejuicio de las públicas… bueno, eso son cosillas sin importancia: tampoco hay que exagerar.

Perdón por la evidencia pero los datos referidos por el Informe sobre la Lectura concluyen que de cada 100 personas, 40 de ellas jamás han leído un libro. Traslademos ahora el porcentaje a situaciones cotidianas: el patio de butacas de un teatro, un espectáculo deportivo, un aula, una comunidad de vecinos, una empresa. Llevemos la cifra a nuestra vida diaria, pongamos caras aunque ficticias y entonces el dato se hará, si cabe, más terrorífico.

En cualquier caso, ellos, los 40 de cada 100, se lo pierden, porque si hay un placer solitario (vale, ya sé que hay otros, pero no es el caso) donde el tiempo se detiene y la realidad se transforma es, sin ningún género de dudas el de la lectura. No concibo un mundo sin libros. De esos que se tocan, que huelen y que descansan en las estanterías esperando a que les llegue la hora de ser los encargados de hacer posible el tránsito por mundos infinitos donde las fronteras son débiles líneas suspensivas y donde los muros infranqueables no tienen cabida.

 

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