El juego del dictador

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© Santiago Torralba

Como si de un juego de ajedrez se tratara, Erdogan, gran maestro, ha pergeñado una partida en la que, naturalmente ha salido vencedor con un indiscutible jaque mate. Jaque mate a la oposición, jaque mate al laicismo, jaque mate a cualquier manifestación de libertad en la calle. Aparecer ante el mundo como demócrata convencido aun sabiendo que detrás hay toda una oposición silenciosa (silenciada quise decir), vestirse con las ropas de la modernidad y de la occidentalidad para conseguir de una vez por todas la entrada en la Unión europea, fue siempre uno de sus objetivos aunque la procesión y las oscuras intenciones fueran por dentro. Y claro, ¿qué hacer con todo ese descontento que le produce la misma incomodidad que un grano en el culo y que no se inclina ante su poder? Pues es fácil. Se diseña un golpe de estado con escuadra y cartabón nacido desde el fracaso previsto y a partir de ahí, se tienen ante el mundo todas las excusas necesarias para encarcelar a más de ocho mil opositores: militares, jueces, civiles… un completo, vaya. Lavarse la cara se llama eso en castellano. Aparece ante el mundo como el libertador, el garante del orden establecido, el gran capitán que esquivará las tempestades. Ahora sí. Se acabó el problema. Ya tiene las cartas ganadoras; las piezas bien posicionadas para la victoria final y los laureles del triunfo ante sus pies. Campo libre para corretear a su antojo. Limpia la conciencia (la gabardina de la conciencia). Arropado por la masa furiosa que reclama sangre, pena de muerte, venganza… tiene en sus manos la baza ganadora, de la que, sin duda, hará uso en las próximas fechas. Al fin y al cabo, todo estará justificado. Que se le ha visto el plumero. Pero más integrismo, más xenofobia, más patriotismo que es lo que se lleva últimamente.

La cuestión no es baladí. Corren tiempos (preocupantes) de radicalización y exclusión del otro. Alguien a quien no tenía por sospechoso (a) de abrazar esta torcedura mental me comentaba que había que acabar de una vez con las mezquitas, con los pañuelos, no sé si con el idioma también… Que acepten las costumbres del país en el que viven, decía, y si no, que se vayan por donde han venido. Como es natural, no entré al trapo, pero sus palabras no pueden caer en saco roto. Ahí están los datos: una extrema derecha tenebrosa como “un fantasma que recorre Europa” y un Donald Trum que se acerca al liderazgo mundial desde la Casa Blanca con lo que ello puede suponer de regresión e involución del género humano Ojo, que esto no es ninguna broma y si el drama llega a término nos parecerá que George Buch fue un cándido angelito que pasó por nuestras vidas repartiendo bendiciones.

No podemos darle la razón a los salvajes y reaccionar con despecho es hacerlo: es participar en un juego donde ellos mismos han marcado el macabro reglamento Antes de sentarnos a la mesa y tener en las manos las cartas marcadas, hay que saber que con estas actitudes, perderemos el envite.

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