Otra vez Venezuela

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Según esa fuente de conocimientos tan “imprescindible” en los tiempos que corremos llamada Wikipedia, existen en el mundo 196 países repartidos a lo largo y ancho de los cinco continentes, pero del que más sabemos, al menos el que con más frecuencia aparece en todos los informativos nacionales es Venezuela. No es que con esta nación existan lazos especialmente interesantes para nuestros intereses. Tampoco es el destino más elegido para cargar nuestras maletas y disponernos a pasar unos días en sus playas blancas ni el que con más divisas alimente los bajos del Banco de España… Entonces ¿por qué?

Tal vez haya que preguntarle al benemérito Eduardo Inda, que bien desde La Razón (ese maravilloso periódico independiente) o desde su plataforma digital OK Diario (creo que también independiente), se encarga cada día de proporcionarnos toda la información de lo que sucede en las calles venezolanas que, según informes de nosecualuniversidadamericana necesitamos tanto como respirar. Y es que no hay día en el que este apuesto periodista, “bien plantao”, de ojos circulares, hermosa cabellera blanca, aunque con tupé en franca decadencia, patillas a lo Curro Jiménez y labia desatada, no se encargue de mantenernos al día de la tropelías, desfalcos y atropellos con los que, al parecer, se desayunan todos los venezolanos. Y claro, el resto de los medios, haciendo gala de lo que, al parecer, es también su independencia, se hacen eco de sus notas y actúan como voceros abriendo con grandes titulares cualesquiera de sus informativos con los ecos recogidos de fuente tal solvente.

No importan las grandes tragedias (si no suceden en el mundo civilizado, claro), no nos interesa el que haya más de 50 países en los que aún está vigente la pena de muerte (no en Venezuela sino en países amigos como EEUU, Arabia Saudí, China…), no van con nosotros los genocidios que todavía hoy se dan en diversas partes del planeta… De nada de eso se nos informa apenas, quizás porque desde su inmensa sabiduría, los medios (casi todos los medios) están convencidos de que ni siquiera nos concierne. Pero eso sí, cuando alguien tropieza en un ladrillo mal colocado en cualquier calle de Caracas, cuando algún ratero le roba el bolso a una señora despistada en un supermercado desabastecido (lo vemos en las fotos, aunque muchas de ellas estén hechas en otros países), cuando algún opositor estornuda y se ensucia de mocos la guayabera, se abren los cielos, se rasgan los velos de los templos, se anuncia el apocalipsis y nos despertamos con los titulares de las grandes atrocidades que se suceden el país. Y lo más grave, cuando no hay pruebas cotejadas, se lleva a cabo una ligero ingenio de cocción rápida en la trastienda del laboratorio y todo dispuesto para la exclusiva. Además, son amigos de Cuba, razón más que suficiente para condenarlos irremisiblemente a las llamas del infierno y a que se asen eternamente en las calderas de Pedro Botero.

Y nosotros, a tragar.

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